miércoles, 25 de mayo de 2011

Una Historia de Aquellas

A menudo viajamos en el metro, la micro, a pie, en auto o lo que sea. Nuestra rutina diaria se basa en eso, en un tedio cotidiano en el cual estamos todos envueltos, cegados y un tanto amedrentados.
Esta es mi pequeña historia, donde existen días en que crees que todo realmente va mal, pero sin darte siquiera cuenta, levantar la vista y mirar al frente te puede cambiar la perspectiva con la que te levantaste ese día en 180º.


Día Sábado. Un despertar por la mañana es sólo aveces el desagrado de volver a una rutina monótona, un día más, tan repetitivo. Mirar por la ventana del transporte a un sol lejano y poco amigable, que irrumpe ante tus ojos y te acalora entre todo ese mar de gente en el cual estas sumergido por el tiempo correspondiente a tu viaje. Consideras tus opciones (que no son muchas): ir a trabajar o no? Estuviste toda la semana preocupado de la Universidad, entre otras cosas, estas harto, sólo quieres un día para obviar y dormir hasta tarde, compartir con la familia, salir, despreocuparte de todo incluso. Por otra parte, necesitas el dinero, es útil y te falta, no es mucho lo que hay que pensar, sacrificios supongo.
Llegas a tu lugar de trabajo, todo sigue igual. Más no se le puede pedir a una tienda de Mall, donde las reglas son simples: lucir bien, dar una buena atención, mantener una buena imagen del local y como siempre, lo más importante, sonreír a todos y cada uno de los clientes. Pero por dentro, estas harto, todo el tiempo es igual, no ves variación alguna a todo eso, a no ser por los compañeros de trabajo que bien aportan algo pero no lo suficiente.
La gente es estúpida piensas. Increíblemente, en trabajos donde sueles atender gente o entregas un servicio, descubres realmente la variedad de personas que existen. Tan sólo con una atención. Incluso, remotamente te topas con alguien igual a ti. Es sorprendente y un poco aterrador aveces, creo.
Según el movimiento de las agujas del reloj, ves pasar una tras otra, respondes una y otra vez lo mismo. Observas, en silencio, entre la multitud viciada al consumismo, el haz de luces que pertenece al exterior. De una forma u otra lo extrañas, un cierto aire de envidia sientes y a la vez te compadeces de quienes en un día libre, por decisión propia, se encierren en un centro comercial a ver lo que pueden ver a diario al caminar por la calle, en el centro o donde sea.
Ocasionalmente recibes los insultos de alguien que venía con un mal humor desde quién sabe dónde o debes ordenar el desastre (porque desorden es poco) de quienes dicen ir a vitriniar, cuando realmente sólo van a hacer lo que en sus casas no los dejan hacer, satisfacer la manía de dejar todo peor de cómo esta.
Se comienza a acumular todo.
Miras tu celular, batería casi muerta. Detienes el reproductor de música para conservar lo poco que queda de batería por alguna llamada o simplemente ver la hora. Ya es casi hora de cierre. La afluencia de público ahora que lo notas ha disminuido considerablemente en comparación a 2 horas atrás, mientras hacías malabares para alcanzar un pantalón para una señora, que de señora nada tenía. Mas es tu trabajo, aunque eso no estuviese en el contrato.
No te sientes bien, estás cansado. Añoras tu cama. Podría ser que tu espalda se haga agua por desparramarse en ella. Estas harto, chato, derrotado.
Cierre. Tomas tus cosas, firmas la asistencia y te largas. Entre todos los que caminan al paradero y trabajan en el lugar, eres el que tiene la peor cara, de pocos amigos, molesto, fuera de ti, ausente. Tus audífonos como única compañía, es un mal día, lo sabes y no te molestas en cambiarlo. No todos los días son así, piensas. Así que para qué.
Tomas la micro hasta donde corresponde transbordar y tomar otra que llega directo hasta las cercanías de tu casa. Buscas un buen asiento hacia la ventana, te acomodas y disfrutas del viaje entre que dormitas y sigues a baja voz la letra de la canción que suena con tu batería casi muerta.
El viaje es eterno y estas realmente apestado. Si alguien te hablase, seguramente serías el tipo más detestable del Universo, sin duda.
La micro se detiene cerca de una estación y algo te llama la atención esta ocasión, un nuevo pasajero ha abordado, pero es más llamativo que el resto y supera todos los estándares posibles. Es dificil de explicar, pero hay algo distinto en ella.
De tanto en tanto, la miras de reojo (típico cuándo alguien te atrae o llama la atención, en pocas palabras y simples, te gusta a primera vista). Ella aún no ha anticipado tu presencia, sigue en lo suyo, con la vista hacia la ventana, sonriendo. De su mochila saca un papel, una hoja de papel, algo así como una esquela talvez? Comienza a olerla y se ve bastante feliz.
El trayecto sigue y de pronto, se cruzan las miradas. Algo es curioso en ella, pero lo ignoro. No duró más de 2 segundos y siguió disfrutando su esquela.
Curva cerrada, estamos casi llegando. Av. México está bastante tranquila, iluminada por sus focos y luces de supermercados. Ella sigue sostenida a la baranda después de esa curva cerrada y con su sonrisa intacta. Decide levantarse, ha llegado a destino. Algo dificultosa a causa de una gran mochila que cargaba, avanza hasta el pasillo de la micro.
En ese momento, mi rostro cambio absolutamente, no era sólo la observación típica causado por la fascinación por alguien que te atrae repentinamente. De golpe, sentí la más grande impresión acompañada de una gran admiración. En su mano derecha, un bastón desplegable blanco, largo y delgado. Sus ojos, fijos en una dirección. Tocó el timbre anunciando su parada y al detenerse la micro, giró su rostro hacía mi, sonrió y se bajó de la micro, siendo recibida por una mujer de edad en el paradero.
Cierre de puertas y quedé solo en el final del recorrido. Creo que muchos alguna vez hemos pensado "yo tengo mis brazos, mis piernas, mi vista, etc y debería estar agradecido porque hay gente que no las tiene", pero nunca lo aplicamos realmente. Sólo lo decimos, por dar algo de consistencia o filosofía a la vida, pero, esto para mi, trasciende cualquier cosa y me reafirma otras: Yo nací con mis ojos sanos y hasta ahora los conservo así. No sé si ella nació así o sus ojos no tuvieron la suerte de conservarse así. Ella sin poder ver siquiera cómo estaba el día, me mostraba cada rastro de su alegría. En cambio, pudiendo ver miles de colores y maravillas, en mi cara hacía públicas todas mis desdichas. Por esto se que si hablamos de ciegos, ella puede ver lo que yo nunca en mi vida podré ver ni con un millón de ojos. Soy más ciego que ella porque no valoré un día como he valorado al resto, porque me levanté y no dí las gracias de que puedo ver a través de una ventana y admirar un cálido y reconfortante sol, entre tantas personas que buscan algo bueno a diario para si mismas y para quienes los rodean. No todos los días las cosas son iguales, cambian constantemente, se van reciclando. Las personas tienen nuevas historias, los compañeros tienen nuevos sueños y hay quienes estan llenos de rabia y mala intención, talvez sólo son mal comprendidos y necesitan más afecto y atención. Todo varia según cómo lo veas, si es que realmente quieres verlo y no te cegas a ello. A que un nuevo día, por rutinario que sea, siempre tiene nuevas sorpresas y talvez puedas estar harto, porque la necesidad tiene cara de hereje dicen, pero al final, si lo piensas detenidamente, opciones hay muchas, razones también, todo va en estar consciente de que es un nuevo día, y por muy simple y obvio que sea, da las gracias de que en él estas existiendo, que a alguien le haces el día distinto o aunque sea, algo más haz aprendido. Si no me hubiese levantado ese día según yo " tan repetitivo", nada de eso hubiese ocurrido.


En una mirada, sin siquiera usar la vista, puedes admirar el alma de alguien más y reencontrar la que a diario en el espejo tratas de buscar y que en una micro... una extraña me ayudó a encontrar.



Sonando:
Take Back the City
A Hundred Million Suns
Snow Patrol




1 comentario:

Javi dijo...

Me mantuve leyendo esto sin interrupción (algo que a mi me cuesta bastante, no porque se distraída ni nada de eso, solo que cuando algo sobre pasa las 10 líneas tengo que hacer algo para complementar lo que leo :P, pero esto fue diferente se complemento por si solo)

Como dices son pocas las personas y las veces que se agradece lo que se tiene, ya que nada se valora al menos que no se tenga o que se pierda, y hay que ser realistas en sí el ser humano cada ves se vuelve más egoísta, y no piensa si el día de mañana tendrá o no, solo piensa en lo material, y tampoco es capas de agradecer eso lo MATERIAL.

Son cosas tan simples las que nos hacen darnos cuenta de la realidad, que no es igual para todos, pero que al mismo tiempo, en algún instante se puede volver equivalentes...

me dejaste pensando nico xD! sigue escribiendo .. y haz un libro :3 con cariño

Javi <3

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